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miércoles, 5 de octubre de 2011

Pato, de Blas de Otero


Quién fuera pato
para nadar, nadar por todo el mundo,
pato para viajar sin pasaporte
y repasar, pasar, pasar fronteras,
como quien pasa el rato.
Pato.
Patito vagabundo.
Plata del norte.
Oro del sur. Patito danzaderas.
Permitidme, Dios mío, que sea pato
¿Para qué tanto lío,
tanto papel,
ni tanta pamplina?
Pato.
Mira, como aquél
que va por el río
tocando la bocina...

lunes, 3 de enero de 2011

Digo vivir, de Blas de Otero


Porque vivir se ha puesto al rojo vivo.
(Siempre la sangre, oh Dios, fue colorada.)
Digo vivir, vivir como si nada
hubiese de quedar de lo que escribo.

Porque escribir es viento fugitivo,
y publicar, columna arrinconada.
Digo vivir, vivir a pulso,
airadamente morir, citar desde el estribo.

Vuelvo a la vida con mi muerte al hombro,
abominando cuanto he escrito: escombro
del hombre aquel que fui cuando callaba.

Ahora vuelvo a mi ser, torno a mi obra
más inmortal: aquella fiesta brava
del vivir y el morir. Lo demás sobra.

Enlaces de interés: web, datos.

domingo, 22 de agosto de 2010

En el principio, Blas de Otero

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

Un relámpago apenas, Blas de Otero

Besas como si fueses a comerme.
Besas besos de mar, a dentelladas.
Las manos en mis sienes y abismadas
nuestras miradas. Yo, sin lucha, inerme,

me declaro vencido, si vencerme
es ver en ti mis manos maniatadas.
Besas besos de Dios. A bocanadas
bebes mi vida. Sorbes. Sin dolerme,

tiras de mi raíz, subes mi muerte
a flor de labio. Y luego, mimadora,
la brisas y la rozas con tu beso.

Oh Dios, oh Dios, oh Dios, si para verte
bastara un beso, un beso que se llora
después, porque, ¡oh, por qué!, no basta eso.

Hombre, Blas de Otero, Ángel firamente humano (1950)

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, de noche a noche, no sé cuando
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser —y no ser— eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

sábado, 21 de agosto de 2010

Blas de Otero

Poeta español nacido en el País Vasco y uno de los más representativos e influyentes de la posguerra española. Nació en Bilbao y estudió en los jesuitas. Vivió en Barcelona, París y Bilbao, y desde 1955 hasta su muerte en Madrid. En su primera obra, Cántico espiritual (1942), marcada por una gran religiosidad, se perciben las influencias de la mística española, en especial de los poetas san Juan de la Cruz y fray Luis de León. Mantiene esta tendencia religiosa en sus libros siguientes, Angel fieramente humano (1950) y Redoble de conciencia (1951), que en 1958 refundiría en Ancia, palabra formada por la primera sílaba del primero y la última del segundo. Aquí Otero expresa su vacío interior ante la desolación del mundo y lanza súplicas a Dios sin obtener respuesta. Está entrando en un nihilismo existencialista sobre la realidad humana que le hace exclamar: -Esto es ser hombre: horror a manos llenas-. En esta angustia su poesía se hace social y cambia de registro abandonando la metafísica anterior en Pido la paz y la palabra (1955) y En castellano (1960), donde ahora es la lucha social, real, concreta, la que le interesa, escribiendo una poesía para la inmensa mayoría -Con la inmensa mayoría (1960), Hacia la inmensa mayoría (1962)-, en respuesta a la propuesta de Juan Ramón Jiménez que decía escribir para la -inmensa minoría-. Su poesía se carga de fe en la solidaridad humana y sus versos se tiñen de violencia en una lucha con España como interlocutora y que le despierta sentimientos encontrados. Otras obras de estas características son Esto no es un libro (1963), Que trata de España (1964) y Expresión y reunión (1969 y 1981), ediciones de sus obras escritas y publicadas entre 1941 y 1968. La obra de Blas de Otero no es muy numerosa pero ha sido uno de los máximos exponentes de la literatura de posguerra y al que muchos poetas posteriores le son deudores, por su lirismo y compromiso social.

Esta breve biografía ha sido extraída de aquí.