viernes, 21 de enero de 2011

Anónimo - "Mis arreos son las armas"












Mis arreos son las armas

Mis arreos son las armas
mi descanso el pelear,
mi cama las duras peñas,
mi dormir siempre velar;
las manidas son oscuras
los caminos por usar,
así ando de sierra en sierra
por orillas de la mar,
a probar si en mi ventura
hay lugar donde avadar;
pero por vos, mi Señora,
todo se ha de comportar.

Francisco de Quevedo - "A una nariz"












Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.

Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.

Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce Tribus de narices era.

Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito.


viernes, 7 de enero de 2011

Sor Juana Inés de la Cruz - "Hombres necios que acusáis" (finales del siglo XVII)

Arguye de inconsecuentes el gusto y la censura de los hombres, que en las mujeres acusan lo que causan.1
Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien 2
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia. 3

Parecer quiere el denuedo 4
de vuestro parecer loco
el niño que pone el coco
y luego le tiene miedo. 5

Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia. 6

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo,
y siente que no esté claro?

Con el favor y desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por crüel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues como ha de estar templada7
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata, ofende,
y la que es fácil, enfada?

Mas, entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas 8
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído? 9

¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar? 10

Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar, 11
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar. 12

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo. 13

Notas:
1. Califica de incompatibles los deseos de los hombres y sus críticas a las mujeres, pues son ellos quienes provocan los defectos que les reprochan a ellas.
2. ¿cómo queréis que obren bien?
3. Los hombres combaten la resistencia de las mujeres hasta seducirlas, pero, una vez conseguido, las acusan de ser indecentes (livianas), cuando en realidad han sido ellos quienes han provocado con su empeño (diligencia) que las mujeres se entreguen.
4. denuedo: insistencia.
5. Por los huecos de su cáscara el coco recuerda a la cara de un fantasma, algunos niños lo utilizan para asustar a la gente. Los hombres, en su actitutd con las mujeres, son como un niño que usara un coco para asustar y luego tuviera miedo de él.
6. Al hombre le gusta que la mujer sea sensual y desenfrenada cuando sólo la quiere como compañera de cama, pero exige pureza absoluta en la mujer con la que se ha de casar. Sor Juana Inés señala esta contradicción recordando a dos personajes antiguos de actitud opuesta: Thais, cortesana griega famosa por su desparpajo sexual, y Lucrecia, casta noble romana que, tras ser violada, se suicidó porque no pudo soportar su deshonra.
7. templada: serena, tranquila.
8. amantes penas: quejas amorosas con que se convence a una mujer.
9. ¿Quién es más culpable cuando dos se entregan a una apsión inadecuada: la mujer que sucumbe después de que un hombre le haya suplicado mucho o el hombre que, caído en la pasión desde el primer momento, ruega sin cesar a la mujer?
10. ¿Quién es más culpable: la prostituta que cobra por su amor o el cliente que paga por pecar?
11. solicitar: pedirle a alguien una relación amorosa.
12. y entonces criticarán injustamente la insistencia de la mujer que les vaya a suplicar amores. El hombre sólo podrá quejarse cuando sea la mujerquien busque su amor y no a la inversa.
13. Comprende bien (bien fundo) que la arrogancia de los hombres es muy poderosa (lidia con muchas armas), pues en las súplicas y promesas (promesa e instancia) que les hacen a las mujeres se concentran el diablo, la carne y el mundo, que son los tres enemigos del alma según la doctrina católica.

Francisco de Quevedo - "Cerrar podrá mis ojos la postrera"

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día, 1
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;2

mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía: 3
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa. 4

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido 5

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado. 6

Notas:
1. postrera: última. El poeta prevé el momento en que la sombra última de la muerte le cerrará los ojos y le arrebatará la luz de este mundo (blanco día).
2. y la hora agradable (lisonjera)de la muerte podrá soltar su alma que está ansiosa por liberarse de la cárcel del cuerpo para así acceder a la vida eterna.
3. La muerte está representada al modo de los antiguos griegos y romanos, quienes creían que el alma del difunto cruzaba un río llamado Leteo antes de alcanzar el reino de los muertos. Al pasar el Leteo, el alma se olvidaba de todo lo que había vivido en el mundo terrenal, pero Quevedo dice que él, cuando se encuentre en el más allá (de esotra parte) conservará el recuerdo (memoria) del amor en lugar de dejarlo en la orilla (ribera) del río del olvido.
4. Se refiere a la severa ley de la muerte, que dicta que el alma del hombre muerto no puede recordar nada de lo que vivió en el mundo terrenal.
5. Quevedo alude a su propio cuerpo mencionando tres de sus partes: el alma, las venas y las médulas o medulas, que son los huesos. De su alma dice que ha vivido encarcelada por culpa de un dios (Cupido); de sus venas, que el líquido (humor) que las recorría, es decir, la sangre, ha dado alimento al fuego de la pasión; de sus huesos, que han ardido gloriosamente en el fuego de la pasión.
6. Los tres predicados se corresponden con los tres sujetos citados en el primer terceto. Quevedo nos dice que, una vez en el más allá, su alma dejará el cuerpo pero no se desprenderá de su ansiedad amorosa (no su cuidado); las venas serán ceniza, pero ceniza con capacidad de sentir; y los huesos se convertirán en polvo, pero en polvo enamorado. En definitiva, expresa la convicción de que el amor, cuando es intenso, puede sobrevivir a la muerte.

Francisco de Quevedo - "¡Ah de la vida!"...¿Nadie me responde?"

«¡Ah de la vida!»0... ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños1 que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.2

¡Que sin poder saber cómo ni adónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,3
y no hay calamidad que no me ronde.

Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.4

En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto. 5

Notas:
0. Antiguamente, al entrar en una casa se decía esta expresión, que significaba ¿hay alguien en casa?.
1.
antaños: antiguos, tiempo pasado.
2. El destino ha consumido su vida y la insensatez le ha hecho perder el tiempo.
Se refiere a los avatares de la fortuna que, a veces, es favorable y otras no, tanto subes como bajas.
3. El desgaste físico causado por el paso del tiempo está presente.
4. Usa tres formas verbales en forma de sustantivos para dar a entender que los hombres estamos hechos de tiempo.
5. En la actualidad, el futuro y el pasado, une el nacimiento con la muerte y se convierte en una serie de difuntos. Quevedo piensa que todo hombre vivo es la suma de los hombres, ya muertos. La idea reaparece en otros escritos de este mismo poeta.

Andrés Fernández de Andrada, Epístola moral a Fabio

Andrés Fernández de Andrada, “Epístola moral a Fabio” vv. 1-21, 46-51, 58-63, 67-72, 100-108, 115-117, 127-129, 163-168, 172-174, 181-195, 202-205 (antes de 1613)

Fabio, las esperanzas cortesanas
prisiones son do el ambicioso muere
y donde al más activo nacen canas;1

el que no las limare o las rompiere
ni el nombre de varón ha merecido,
ni subir al honor que pretendiere.

El ánimo plebeyo y abatido
elija en sus intentos temeroso
primero estar suspenso que caído;

que el corazón entero y generoso
al caso adverso inclinará la frente
antes que la rodilla al poderoso.

Más triunfos, más coronas dio al prudente
que supo retirarse, la fortuna,
que al que esperó obstinada y locamente.

Esta invasión terrible e importuna
de contrarios sucesos nos espera
desde el primer sollozo de la cuna.

Dejémosla pasar como a la fiera
corriente del gran Betis2, cuando airado
dilata hasta los montes su ribera.
(…)
Más quiere el ruiseñor su pobre nido
de pluma y leves pajas, más sus quejas
en el bosque repuesto y escondido,

que agradar lisonjero las orejas
de algún príncipe insigne, aprisionado
en el metal de las doradas rejas.
(…)
Iguala con la vida el pensamiento,
y no le pasarás de hoy a mañana,
ni aun quizá de uno a otro momento.

Casi no tienes ni una sombra vana
de nuestra grande Itálica, y, ¿esperas?3
¡Oh terror perpetuo de la vida humana!4
(…)
¿Qué es nuestra vida más que un breve día,
do apenas sale el sol, cuando se pierde
en las tinieblas de la noche fría?

¿Qué más que el heno, a la mañana verde,
seco a la tarde? ¡Oh ciego desvarío!
¿Será que de este sueño me despierte?

¿Será que pueda ver que me desvío
de la vida viviendo, y que está unida
la cauta muerte al simple vivir mío?
(…)
¿Piensas acaso tú que fue criado
el varón para el rayo de la guerra,
para surcar el piélago salado,

para medir el orbe de la tierra
y el cerco por do el sol siempre camina?
¡Oh, quien así lo entiende, cuánto yerra!

Esta nuestra porción alta y divina,
a mayores acciones es llamada
y en más nobles objetos se termina.
(…)
Quiero, Fabio, seguir a quien me llama,
y callado pasar entre la gente
que no afecto a los nombres ni a la fama.
(…)
Un ángulo me basta entre mis lares,
un libro y un amigo, un sueño breve,
que no perturben deudas ni pesares.
(…)
¡Qué muda la virtud por el prudente!
¡Qué redundante y llena de ruido
por el vano, ambicioso y aparente!

Quiero imitar al pueblo en el vestido,
en las costumbres sólo a los mejores,
sin presumir de roto y mal ceñido.
(…)
Una mediana vida yo posea,
un estilo común y moderado,
que no le note nadie que le vea.5
(…)
Sin la templanza, ¿viste tú perfeta
alguna cosa? ¡Oh muerte! Ven callada,
como sueles venir en la saeta;

no en la tonante máquina preñada
de fuego y de rumor; que no es mi puerta
de doblados metales fabricada.

Así, Fabio, me enseña descubierta
su esencia la verdad, y mi albedrío
con ella se compone y se concierta.

No te burles de ver cuánto confío,
ni al arte de decir, vana y pomposa,
el ardor atribuyas de este brío.

¿Es, por ventura, menos poderosa
que el vicio la verdad? ¿O menos fuerte?
No la arguyas de flaca y temerosa.
(…)
Ya, dulce amigo, huyo y me retiro
de cuanto simple amé: rompí los lazos;
ven y sabrás al alto fin que aspiro
antes que el tiempo muera en nuestros brazos.

Notas:
1 En sus consejos a Fabio, el poeta recrea el tópico del menosprecio de la corte, tan característico del Siglo de Oro. En concreto, rechaza las esperanzas cortesanas, propias de quienes acuden a la corte buscando poder, riqueza y fama. Para el poeta, la felicidad sólo se puede obtener cuando uno renuncia a las ambiciones y se conforma con lo que tiene.
2 Es el nombre en latín del río Guadalquivir.
3 Itálica fue una ciudad romana muy importante, cercana a la actual Sevilla. En el s. XVII se podían apreciar sus ruinas, por eso simbolizaba la fugacidad de lo humano. Fernández de Andrada la nombra para darle a entender a Fabio que no retrase su vida, que el timepo pasa fugazmente.
4 Al condenar la esperanza el poeta se suma al pensamiento estoico. Los filósofos estoicos creían que había cuatro pasiones que el hombre tenía que evitar para no sufrir: la esperanza, el miedo, el odio y el amor. Ellos recomendaban la templanza, que consistía en un equilibrio mental en que la persona se libera de toda pasión y deseo.
5 El poeta aspira a una vida tranquila y discreta, alejada de las grandes emociones, que nadie pueda criticar. Esta idea se ajusta al tópico de la aurea mediocritas, que desarrolló con éxito Horacio, un poeta romano que sirvió como principal fuente de insiración a este poema de Fernández de Andrada.

miércoles, 5 de enero de 2011

Luis de Góngora - Fábula de Polifemo y Galatea Estrofas LXII-LXIII

Luis de Góngora, Fábula de Polifemo y Galatea, estrofas 62-63 (1611)

El amor de Acis y Galatea (estrofas 23-42)
Un día, Galatea se queda dormida a la orilla de una fuente, adonde llega el joven Acis para beber agua (23-24). Acis, bellísimo hijo de un fauno, adora a Galatea, y le deja a modo de ofrenda un cestillo con leche, almendras, manteca y miel (25-27). Cuando Galatea despierta, se pregunta de quién será el regalo (28-29) y, justo entonces, Cupido la hiere en el pecho con una de sus flechas de amor (30-31). Galatea queda así enamorada de Acis, a quien encuentra poco después tumbado en la hierba, con los ojos cerrados, así que interpreta que está dormido, cuando en realidad Acis está fingiendo el sueño (32-37). De repente, el joven se levanta e intenta besarle el pie a Galatea, quien se asusta mucho (38). Al poco, sin embargo, la ninfa cede a los requerimientos de Acis, y los dos jóvenes se reclinan bajo una peña rodeada de frondosas hiedras, donde se besan y se entregan al amor (39-42).
La ira de Polifemo (estrofas 43-63)
Está atardeciendo y, mientras Acis y Galatea disfrutan de su amor, Polifemo sube a la cima de un peñasco que domina la playa y empieza a tocar su zampoña (43-44). Al oír la música, Galatea se asusta tanto que piensa en huir, pero acaba permaneciendo junto a Acis (45). Polifemo entona una canción en que llora el desdén de Galatea, siempre inaccesible a sus galanterías (46-58), e interrumpe de pronto su canto para apedrear a unas cabras que están destrozando unas viñas (59). Algunas piedras caen muy cerca de Acis y Galatea, quienes, asustados, corren hacia el mar (60). Al ver a la pareja, Polifemo sufre un brusco ataque de celos y arroja una enorme peña sobre Acis, quien muere aplastado (61-62). Desesperada, Galatea llama a las divinidades marinas, que convierten la sangre y los huesos de Acis en un cristalino arroyo. El agua avanza hacia el mar, donde es recibida por Doris, madre de Galatea, quien nombra a Acis río de Sicilia.

LXII
Con violencia desgajó infinita
la mayor punta de la excelsa16 roca,
que al joven, sobre quien la precipita,
urna es mucha, pirámide no poca.
Con lágrimas la Ninfa solicita
las deidades del mar, que Acis invoca:
concurren todas, y el peñasco duro
la sangre que exprimió, cristal fue puro.

Notas:
16 excelsa: alta, elevada. Reordenación de la estrofa:
Desgajó con infinita violencia la mayor punta de la roca excelsa, que es mucha urna [y] no poca pirámide al joven sobre quien la precipita. La ninfa solicita con lágrimas las deidades del mar que Acis invoca; concurren todas y la sangre que exprimió el peñasco duro fue cristal puro.
Explicación:
Urna y pirámide son recipientes de cadáveres. La roca es para Acis una enorme urna o pirámide que lo sepulta, o sea, Acis muere aplastado por la roca. Las deidades convierten a Acis en río, de modo que la sangre se convierte en agua (cristal puro).

LXIII
Sus miembros lastimosamente opresos
del escollo 17 fatal fueron apenas,
que los pies de los árboles más gruesos
calzó el líquido aljófar 18 de sus venas.
Corriente plata al fin sus blancos huesos,
lamiendo flores y argentando19 arenas,
a Doris llega que, con llanto pío,
yerno lo saludó, lo aclamó río.

Notas:
17 escollo: roca, piedra.
18 aljófar: rocío, gotas de rocío.
19 argentando: plateando, dando brillo de plata.
Reordenación de la estrofa:
Apenas sus miembros fueron lastimosamente opresos del escollo fatal, que el líquido aljófar de sus venas calzó los pies de los árboles más gruesos. [Siendo] al fin corriente plata sus blancos huesos, lamiendo flores y argentando arenas [Acis] llega a Doris, que con llanto pío lo saludó [como] yerno, lo aclamó [como] río.
Explicación:
La sangre de Acis se había convertido en perlas líquidas, en nácar líquido. "Acis llega a Doris" significa que el río llega al mar, donde está Doris. Doris lo saluda como yerno (a título póstumo) y lo aclama como a río, es decir, celebra el milagro que lo ha convertido en río, lo felicita por este honor (con llanto devoto, pues lo cierto es que ha muerto).
El hecho de reconocerlo como un río equivale a convertirlo en dios, porque en la Antigüedad los ríos eran divinidades.